MILLARÓ DE LA TERCIA

 
Millaró de la Tercia

Datos básicos

Altitud: 1.400 m.
Distancia al Ayuntamiento: 5 Km.
Fiestas: 24 de junio (San Juan Bautista). 1º domingo de Julio (celebración del Corpus).

Etimología

Procede del latín ´Milliario´, que significa un mojón o indicador de distancia en las rutas romanas. Hoy día nos resulta desconocido este camino histórico, pues queda fuera de las calzadas de La Carisa y de Pajares, pero hubo de ser punto de asedio a los astures, en el cerco a que los sometieron las legiones de Augusto, al mando en esta zona del general Publio Carisio.
El ´milliario´ sería mojón de cambio de posta o lugar de descanso, como es notorio en los ejemplares conservados en la ruta de Al´Balata, o verdadera ´Vía de la Plata´.


Historia y legendaria. Actualidad

Millaró resulta ser el techo de Arbolio, y uno de los más altos de la provincia, con sus 1.400 metros. Esta inusual altitud lo viste de topónimos estrictamente descriptivos, de los cuales expurgaríamos solo unos pocos:
´El Bustillo´,´Las Brañas´, ´Braña Rumial´, ´Braña Caballos´,´Canto el Veneno´, Los Collados´, ´ Peña de los Bueyes´, ´Peña la Hora´, ´Peña el Cellero´, ´Peña Quebrá´, ´Ruicabras´, ´Sierra el Bronco´´o Brañavieja.´

¿Serían necesarios otros ejemplos para dibujar el dédalo de peñascos, elevaciones, gargantas, desfiladeros, cuevas, torrenteras y pasos vertiginosos en este territorio de desplomes y soledades?

Aquí reside la verdadera idiosincrasia de este hermoso poblado, que se encarama hacia la búsqueda de los ´dosmiles´, con su cota más alta, que es ´Brañacaballos´, (2.181 m.), donde hubo una atalaya o castro. A este mojón de Arbolio hay que añadir ´El Estorbín de Valverde´´El Cuadro´ o el mítico ´Pico Tres Concejos´, que ronda con Pendilla.

Su término comunal es, asimismo, el de mayor extensión del municipio, con sus pastos del MUP 730 coronando la raya del puerto. No hace muchos años se conocieron hasta seis molinos, de los llamados ´a ventura´, que solo podían moler en invierno, aprovechando las torrenteras: Atendían a los nombres de ´Prao el molino´´Los Quiñones´´La Molinera´´La llosa´´El Casarín´ y ´Las Cabanillas´.

Veceras de ganado; burros, vacas, ovejas, cabras y caballos, todo en estas alturas era comunal, si exceptuamos los Puertos, que los más pudientes compraron al Estado, en 1.885. Hay un castaño de Indias de unos doscientos años, ejemplar único en esta altura. Todo superlativo, desmesurado, sin proporción a los escasos treinta vecinos que cultivaron en inverosímiles bancales patatas, cebada, trigo, lentejas, y los linares a la vera del agua. Se regían por sus Ordenanzas, hoy desaparecidas. Pagaban diezmos y primicias al abad de Arbas, y alcabalas al rey. Nunca abdicaron de su libertad.

Sus costumbres antiguas, como La Vela, era también asunto comunal, pues un vecino cada día, por turno rotatorio, tenía el encargo de vigilar los ganados. Llevaba un bastón de fresno, el llamado ´la vela´, que al final del día dejaba en un paraje clavado en el suelo. El vecino cesante indicaba al entrante el punto exacto donde lo había dejado, el cual debía ir a primera hora de la mañana a recogerlo, para efectuar su turno de vigilancia. Ni que decir tiene que los ganados sorprendidos en terreno acotado eran ´prendados´, dando cuenta de las circunstancias al presidente de la Junta Vecinal, a quien el dueño de los ganados debía ´pagar la prenda´.

Así, este ancestral enclave de ganaderos y arrieros, se afincó en tan martirizado territorio durante siglos, hasta que los vientos de la uniformidad y el cruel abandono del mundo rural aventaron familias y tradiciones centenarias. Además fue quemado en la guerra, incluso su querido ´Niño Jesús de Praga´. Hoy solo abren en verano catorce casas. En el invierno Millaró se clausura, cierra sus puertas y postigos, se hace recuerdo y soledad.

Si en el buen tiempo uno decide subir hasta el pueblo, (y debe hacerlo) quizás escuche la bellísima ronda 'Aires de Millaró', o decida visitar la parroquia de San Juan Bautista, con sus campanas del XVIII, cálices y copones y una casulla de rara antigüedad.

Si se nos disculpa la hipérbole, diríamos que Millaró, sus paisajes, sus trabajos, sus gentes, forman eje geodésico del mundo.